martes, 21 de julio de 2026

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Cuando la tarde muere lentamente y la sombra desciende de los montes, cuando se escucha al viento entre las ramas hablar de amores y de antiguas voces; cuando mi coraz贸n, triste y cansado, se recoge en s铆 mismo y me interroga, hay un sue帽o que vuelve a mi memoria como vuelve la luz tras de la aurora.

No sue帽o con coronas ni laureles, ni con la gloria que el orgullo nombra; sue帽o con una ni帽a entre mis brazos, peque帽a flor nacida de tu sombra.

Con tus ojos de cielo pensativo, con tu sonrisa dulce y so帽adora, con la suave armon铆a de tu alma reflejada en su faz encantadora.

Y verla crecer... ¡Dios m铆o!
Ver sus primeros pasos vacilantes; escuchar de sus labios una palabra, y guardar ese instante para siempre.

Ser el guardi谩n de sus peque帽as penas, el compa帽ero fiel de sus jornadas, la mano que la gu铆e entre la niebla, la voz que la consuele en las desgracias.

Y cuando el tiempo corra silencioso como un r铆o que nunca se detiene, mirarla convertida en una mujer y saber que mi amor a煤n la sostiene.

Entonces comprender铆a el misterio que tantas veces mi coraz贸n ans铆a: que la vida no es vana cuando deja un rastro de ternura y de alegr铆a.

¡Ah, si el cielo escuchara este deseo que guardo en lo m谩s hondo de mi pecho!
Tener una hija nacida de tu amor ser铆a mi bendici贸n y mi universo.

Y al verla sonre铆r bajo la tarde, mientras el sol se apaga en lontananza, creer铆a que en sus ojos resplandece la m谩s hermosa de todas las esperanzas.

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