Se帽or, si alguna vez has escuchado las s煤plicas silenciosas de mi alma, escucha tambi茅n esta.
No te pido riquezas, ni honores, ni victorias sobre los hombres.
No te pido caminos f谩ciles ni d铆as exentos de dolor.
Solo te pido un milagro.
Conc茅deme la dicha de una hija.
Una peque帽a vida nacida del amor, una luz que ilumine mis a帽os, una raz贸n m谩s para ser mejor cada d铆a.
Perm铆teme verla correr bajo el sol, escuchar sus risas en la casa, tomar su mano en los primeros pasos y acompa帽arla mientras descubre el mundo.
Y si es posible, Se帽or, haz que tenga algo de ella.
La dulzura de su sonrisa.
La ternura de su coraz贸n.
La bondad de su mirada.
Esa luz serena que hizo florecer amor en los rincones m谩s silenciosos de mi existencia.
D茅jame ser para esa ni帽a un padre digno de su confianza, un refugio en las tormentas, un consejo en las dudas, una presencia constante en sus alegr铆as y tristezas.
Y cuando los a帽os pasen como pasan las hojas llevadas por el viento, perm铆teme contemplarla convertida en mujer, fuerte, noble y feliz.
Entonces sabr茅 que mi paso por la tierra no fue in煤til.
Porque habr谩 quedado en el mundo una huella de amor m谩s duradera que el tiempo.
Y si ese sue帽o no llegara a cumplirse, si el destino eligiera otro camino, agradecer茅 igualmente haber conocido la belleza de so帽arlo.
Porque hay anhelos tan puros que, aun sin realizarse, ya son una bendici贸n.
Am茅n.
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